El transporte, al igual que cualquier otra industria, requiere un equipo de capital, mano de obra e inputs para llevar a cabo sus tareas. Sin embargo, y esto es una singularidad casi exclusiva del transporte, divide su equipo entre planta fija (o infraestructura) y planta móvil (o material móvil), dándose para cada una de ellas características y condicionamientos particulares que obligan a una interpretación más compleja del sistema de transportes (Thomson 1976).
Según queda recogido en el Cuadro 1, estas particularidades del transporte se distribuyen a partir del diferente comportamiento que tienen la infraestructura y el material móvil en cada uno de los problemas económicos planteados y en lo que son sus características básicas.
Cuadro 1. Parámetros económicos básicos del transporte
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Características básicas |
Infraestructura |
Material móvil |
|
Barreras económicas de entrada |
Muy altas |
Relativamente
bajas |
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Tiempo de amortización y de uso |
Muy largo
(30-100 años) |
Relativamente
corto (10-30 años) |
|
Rigidez funcional |
Muy elevada
(sin alternativas de uso) |
Tendencia a
la flexibilidad (reconversión y reutilización) |
|
Economías de escala |
Elevadas
(sin se conciben para grandes volúmenes de tráfico) |
Menor
importancia y condicionada por los límites de la infraestructura |
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Cuestiones de interés |
Infraestructura |
Material móvil |
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Competencia y tendencias
monopolísticas |
Monopolio
generalizado en la construcción de infraestructuras |
Elevada
tendencia a la amplia competencia (excepción ferroviaria) |
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Obsolescencia |
Larga
amortización e introducción de adaptaciones |
Ciclos
cortos de sustitución |
|
Externalidades |
Numerosas
(espacio exterior y factores de localización) |
También
importantes, pero menos determinantes |
|
Desajustes oferta/demanda |
Lentos
periodos de maduración |
Rápida
capacidad de adaptación |
|
Gestión pública/privada |
Tendencia a
la dependencia pública (ciclos alternativos) |
Tendencia a
la explotación privada (ciclos alternativos) |
Fuente: elaboración propia a partir de (Thomson 1976).
Resulta particularmente interesante remarcar las diferencias
entre la infraestructura y el material móvil en lo que concierne a las barreras
económicas de entrada, la amortización o la rigidez funcional. Estas
características que les son propias al transporte determinan el modo en el que
son legados a la sociedad para su conservación o no. Carreteras, ferrocarriles,
puertos o canales de navegación tienen elevadas barreras de entrada, que
terminan dejando al Estado la responsabilidad de su construcción; presentan
también largos periodos de actividad que puede llegar, sin grandes
modificaciones, al siglo; o las alternativas de uso que tienen son muy escasas
o casi ninguna. Los coches, trenes o barcos que transitan por esos espacios
poseen unas características prácticamente contrapuestas, de menores necesidades
de inversión, periodos más cortos de uso y mayor presencia de alternativas de
uso.
En el caso de las economías de escala, recurrido argumento
de la teoría económica, los transportes presentan una clara dualidad entre la
infraestructura, condicionada por la necesidad de atender a grandes demandas de
tráfico, ya que, si no estaría sobredimensionada, y el material móvil, en el
que es importante el condicionante impuesto por los límites de la propia
infraestructura.
Todavía más sugerente resulta conocer una serie de
cuestiones o problemas que invisten a la explotación de infraestructura o de
material móvil de los transportes. En esencia, forman parte de los objetivos
principales de investigación de la historia económica del transporte, si bien,
ha sido más frecuente el interés de los investigadores hacia el estudio de la
financiación y las relaciones entre el Estado y el sector privado.
En general, la construcción de infraestructuras ha tenido
una clara tendencia al monopolio, ya sea con capitales públicos o privados, que
se deriva de la necesidad de garantizar un rendimiento mínimo al elevado
esfuerzo inversor que se precisa. La libre competencia no resulta posible y se
da la situación de monopolio natural, tan cuestionado ahora, donde la
intervención del Estado está presente mediante la gestión de empresas públicas
o por la regulación que ejerce sobre las empresas privadas monopolísticas. Sobre
la regulación de los monopolios naturales se puede seguir la aportación de (Ordóñez
2002),
para el caso concreto de los transportes, con una visión crítica de esta
regulación, (Rus 2001), y para un buen balance del
ciclo inversor de las infraestructuras del transporte en España, véase (Herranz
Loncán 2008).
En estrecha relación con los periodos de uso de las
infraestructuras (largos) y el material móvil (cortos) encontramos el problema
de obsolescencia tecnológica, ya que independientemente de la mejora técnica
aportada por la innovación, existen unos condicionantes que obligan a retrasar
su aplicación. Conocida es la situación que se dio con la implantación de los
altos hornos en la industria siderúrgica europea, ya que al inicial avance de
los hornos Bessemer siguió la mejora de los Siemens-Martin, sin embargo, la
inversión realizada en importantes siderurgias británicas y algunas
centroeuropeas hizo que no hubiera sustitución y la demanda de mineral de
hierro estuviera condicionada por las características de los hornos Bessemer.
Este hecho explica la fuerte demanda de mineral de hierro español y la
construcción de numerosas infraestructuras de transporte –ferrocarriles, de vía
ancha y estrecha, cables aéreos, planos inclinados, embarcaderos y un lago
etcétera-, que aparecen por doquier en muchos puntos de la Península Ibérica.
Las infraestructuras de transporte también están fuertemente
sometidas a estos costes de oportunidad, impidiendo que se desechen con rapidez
y alargando su uso con adaptaciones parciales como, por ejemplo, el rediseño de
cortos tramos de carreteras o la sustitución de viaductos en las vías
ferroviarias. Desde las últimas décadas del siglo XX, vivimos un intenso
proceso de sustitución completa de antiguas infraestructuras diseñadas y
construidas en el siglo XIX bajo necesidades y técnicas de esa época y que
ahora estamos replanteando completamente –y que, por lo tanto, van a marcar el
futuro durante un periodo similar de tiempo-. El trazado del nuevo acceso
ferroviario a Andalucía (1992), y de otras líneas de alta velocidad, o la
construcción de las nuevas autovías dejan una red física viaria completamente
nueva, lo deriva inevitablemente en que un grupo importante de infraestructuras
quedarán sin servicio.
También existen velocidades diferentes de adaptación entre
la infraestructura y el material móvil en lo concerniente a la capacidad de
respuesta a los cambios en la demanda. Resulta obvia la imposibilidad de
disponer de una infraestructura para atender aumentos de demanda rápidos,
siendo todavía más difícil hacerla desaparecer, por lo contrario. Esto permite
explicar por qué algunos usos de la infraestructura se mantienen por debajo de
lo que sería deseable. El material móvil, por el contrario, se adapta
rápidamente e incrementa o disminuye su oferta con mejor eficiencia ante los
cambios de demanda, aunque estos sean bruscos o de carácter estacional. No
obstante, en esto también se dan diferencias interesantes como el hecho de que
el transporte por carretera –tanto de pasajeros como de mercancías- presente
una mayor flexibilidad en la oferta que el ferroviario, agudizado en la
actualidad en el caso español a una sorprendente rigidez en la oferta
ferroviaria (con la excepción relativa de los servicios de alta velocidad).
El transporte, como recordaba Thomson, constituye la
industria por excelencia de las externalidades, definidas estas como los costes
o beneficios derivados de una actividad económica pero que no reciben
compensación cuando son negativas ni requieren pago cuando son positivas: la
obligada actividad en el exterior y los factores de localización son las
explicaciones dadas a la estrecha relación entre los transportes y las
externalidades.
HERRANZ LONCÁN, A., 2008. Infraestructuras
y crecimiento económico en España (1850-1935) [en línea]. S.l.: s.n.
[Consulta: 20 julio 2021]. ISBN 978-84-89649-35-4. Disponible en:
https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=601743.
ORDÓÑEZ, M.
del C., 2002. La regulación económica: el problema del Monopolio Natural. Cuadernos
de ciencias económicas y empresariales. Papeles de trabajo, no. 27, pp. 1.
ISSN 1132-2640.
RUS, G. de,
2001. Integración, competencia y regulación en las redes de transporte. Ekonomiaz:
Revista vasca de economía, no. 46, pp. 124-153. ISSN 0213-3865.
THOMSON,
J.M., 1976. Teoría económica del transporte. Madrid: Alianza Editorial.
Alianza Universidad AU, 153. ISBN 978-84-206-2153-1.
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